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sábado, diciembre 25, 2010

Pañales

Cierta vez se acercaba un grupo de turistas a una aldea, y antes de llegar encontraron al costado del camino a un anciano. Un joven del grupo se acercó y le preguntó: Digame señor ¿ha nacido en este lugar algún gran hombre o alguna gran mujer? El anciano entre picaro y sabio hizo una pausa y respondió: “Que yo sepa, hasta ahora solo han nacido bebés”...

No pude olvidarme de esta historia que leí no se bien donde.

Me pregunto por que Dios no prefirió llegar ya adulto. Después de todo San Pablo, dice que Jesucristo era el segundo Adán (y Adán fue creado directamente adulto). Sin embargo, por alguna razón Dios eligió hacer su desembarco en las playas de este mundo como un bebé.
Y me parece ver a la virgen, que tal vez ni siquiera tenía la edad con la que hoy una señorita termina la escuela secundaria, sosteniendo en sus brazos a Dios. Increible.
Y digo todo esto porque pensar a Jesús en pañales me hace bien cuando siento que llego a esta etapa del año y cuestiones que hubiese querido ver maduras, todavía están... en pañales.
“La caminata más larga comienza con el primer paso”, me recuerda mi archivo mental de dichos, y sé que hasta el caracol llegó al arca perserverando. Hasta el caracol!

Que áreas de nuestra vida solo estén en pañales nos recuerda que para los que creemos en Jesús, lo mejor todavía no ha llegado (Él no ha vuelto), lo mejor aún está por venir.

Me consuelo y tengo una feliz navidad. Lo mismo espero para ustedes.


lunes, junio 08, 2009

"No tengo tiempo"




En el supermercado no compro café si no es instantáneo. En la TV, luego de presentarme el último producto que necesito para solucionar todos mis problemas, se me dice que "llame YA!". Me atrae mucho un servicio si es expreso, rápido! Mi sociedad es "micro ondas"... aunque la pizza queda blanda y la masa de la empanada pierde el hojaldre, no importa, es más rápido calentar en el microondas. Somos capaces de sacrificar mucho por ir más rápido, como por ejemplo el poder ocupar un asiento en el trasporte público, vamos parados porque "no hay tiempo" para esperar. La pregunta es, ¿A dónde queremos llegar? Vamos más rápido pero, hacia dónde? A proposito de esto; el fin de semana pasado encontré entre mis cosas guardadas mi primer laptop o computadora portátil (como quieran llamarle). La compré hace exactamente 9 años. Es gorda, pesada, su pantalla es chica y para abrir cada programa tarda lo que parece una eternidad. Hace mucho ruido y tiene poca memoria... Me parecía que hoy no podía esperar los tiempos de la que una vez fue "mi computadora nueva y de última generación". Mi computadora portátil actual, en cambio, es mucho más rápida, de diseño compacto, silenciosa, con procesador dual core y todo lo que se le puede pedir a un dispositivo de este año. Lo cierto es que en aquella vieja laptop escribí mis trabajos de investigación, mis apuntes de la universidad, mis primeros ensayos y hasta las tesis con las que terminé mis estudios. Tener una computadora más rápida no me ha hecho tener más tiempo para dedicar a lo que me gustaba hacer...

No recuerdo la última vez que cuando un amigo me preguntó si tenía tiempo le respondí con un "sí!" sin pensarlo dos veces. No recuerdo cuando fue la última vez que me sobró tiempo durante una semana para tirarme al sol, leer un cuento, salir a caminar temprano o despertarme sin usar alarma porque ya había dormido lo suficiente. En cambio, sí recuerdo bien el tironeo interno que sentí esta mañana entre levantarme y seguir durmiendo... También tengo muy presente como me frustran los SÍ que ofrezco aceptando más de lo que puedo hacer para luego enojarme conmigo mismo. Y recuerdo al viejo Salomón diciendo: "Todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su tiempo... todo tiene su hora... Dios hizo todo hermoso a su tiempo... Entendí que cuanto Dios hace , permanece para siempre, y nada se le puede añadir ni quitar..." (Eclesiastés 3:1,11,14)"

Y me quedé tildado, pensando, allí junto a Salomón, que entendió todo esto de viejo... Y me pedí a mi mismo que no me lleve tanto tiempo... Porque si quiero algo, va a llegar en su tiempo y cuando le dedique el mio. Porque cada cosa es hermosa a su tiempo...

Termino deseandote 3 regalos:
Que el próximo sorbo de café se te de disfrutando su sabor, su aroma, su momento.
Que la próxima charla sea sin apuro, sin tironeo, sin manipulación.
Que te tomes tu tiempo, después de todo es tuyo y es para que lo vivas vos.

lunes, marzo 30, 2009

GRACIA


¿Cómo es que el trayecto entre el comienzo de una linea de espera hasta su final se tranforma en una peregrinación a encontrarnos con Dios?

¿Qué sucede cuando la caminata apurada al trabajo se transforma en un paseo en el que sentimos la compañía silenciosa de Jesús en el eco de nuestros pasos?

¿Cómo es que a un día triste y frío se le prenden las luces con un apretón de manos, con la llegada de un abrazo o con el sonido de la voz de quien nos hace sentir queridos?

¿Qué se fusiona dentro, cuando en medio de tantas frustraciones, apuros y contratiempos alguien nos hace ver el vaso medio lleno y sentimos que no nos hizo falta más que eso para que el aire vuelva a entrar y hasta se nos escape un suspiro de alivio...

Cuando en medio de tanto cemento, ruido, polución, rostros serios y hombros apretados me encuentro mirando el atardecer desde un piso 13 con mi terapeuta... Cuando en un beso mi novia me dice todo lo que necesito escuchar... Cuando levanto los ojos al cielo para recordar que Dios es mucho más que todo esto... Me encuentro con la GRACIA, y ningún otro encuentro podría ser tan afortunado.

En mis transacciones con Dios, recibo siempre más de lo que doy. Aún asi, nunca estoy en deuda, la situación bursatil siempre es alagueña y la crisis mundial parece de otro planeta. El balance siempre es positivo en los libros y en los asientos de la GRACIA.

martes, mayo 06, 2008

Esper-ando, así ando.


Hoy me dispongo a escribir sobre mi mayor esperanza. Aquel pensamiento que de solo sentir que se avecina en mi pensar, cambia mi timia más profunda.

Cambiemos la pregunta, pues el punto no es ¿Cuanto aún hemos de esperar a Jesús? Sino ¿Cuanto aún ha de esperarnos Jesús a nosotros?

Llegará el día en que nos despertaremos por última vez, en que iremos a dormir por última vez, en que escribiremos un email por última vez, en que postearemos por última vez, en que compraremos por última vez, en que perdonaremos por última vez, en que lloraremos por última vez, en que diremos adiós por última vez, en que sufriremos por última vez, en que dudaremos por última vez.

Llegará el día en que el mal expirará y el mundo como lo hemos conocido sufrirá cambios definitivos y drásticos.

Hace 28 años que yo lo espero. Hace más de 2000 que Él me esperaba. Y me pregunto hoy y te pregunto, el hecho de que hayamos nacido y seamos parte de la existencia, hará que en los cielos una persona más comparta la eternidad y sea parte de la vida de Dios?
Más allá de mis dudas, luchas y desengaños con la fé, quiero encontrarme con el que me espera hace tanto tiempo.

Todo me sabe tan secundario mientras termino de escribir esto… Simplemente quiero estar allí.
Quiero vivir como si Jesús hubiese muerto ayer por mi, como si Él hubiese resucitado hoy y como si mañana fuéramos a encontrarnos. Por qué? Porque me hace bien, porque lo quiero y porque lo extraño.

domingo, abril 20, 2008

Sorpresa!

Los milagros son maravillas, son sorpresas, sucesos inesperados. Cuando ya no ves la salida aparece la puerta. Cuando las luces se apagan se enciende la esperanza. Cuando se han ido todos, llega Dios.



Los milagros no suceden cuando deseamos, suceden cuando necesitamos.


Nos sorprenden porque aunque los necesitamos, no creemos que puedan acontecernos.


Nos sorprenden porque aunque oramos, no pensamos que Dios vaya a contestarnos.


Nos sorprenden porque aun deseando desear el bien, no creemos que el hará la obra en nosotros.

Repentinamente Dios nos tocan el hombro y con una sonrisa que no puede ocultar viene a entregarnos un regalo. Sin embargo es extraño, al recibirlo no nos llega como lo habíamos soñado. Predecíamos que la solución a nuestro problema, la respuesta a nuestra oración sería de tal o cual forma… Tal vez por esta razón nuestra sorpresa. Sorpresa no solo por recibir lo que necesitábamos tanto, sino por recibido de la forma en que se nos presenta.

Solo luego de reponerte a la sorpresa y casi susto, descubres que lo que recibes de parte de Dios, no era lo que pensabas que necesitabas, no era lo que esperabas, pero era lo que anhelaba tu corazón e ignoraba tu mente.

Así son los milagros tan inesperados e inmerecidos, como pedidos y necesitados.

“Orar es pedir lluvia y fé, salir con paraguas”


Cierta vez escuché esta frase que en su humorada tiene mucho sentido.

¿No nos sucede que no oramos por ciertas cosas porque nos parecen imposibles?

La fé es la seguridad de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve (Heb. 11:1). Fé es tanto pedir como también animarse a recibir lo que pedimos. Cuando oramos muchas veces lo que pedimos necesitan de Dios para realizarse…

Que tal si nos animamos a pedirle a Dios cosas imposibles, experiencias que solo pueden ser producidas, dirigidas y bendecidas por Él…
La idea que queremos resaltar es la necesidad de pedir con fé, pero también de esperar con fé.

Es por esta razón que el creyente verdadero, cuando recibe lo que pidió conoce que Dios le ha contestado: en primer lugar, porque no hay otra forma de explicar la bendición que recibe y en segundo lugar porque estaba esperando expectante la respuesta.

Así es que el acto de fé, se da tanto al pedir como al recibir y es causa y efecto de ambos momentos.

lunes, marzo 10, 2008

Y yo que no quería volver...


El terrible pecado del hijo se menciona al pasar. El foco de la historia se sitúa en la enorme generosidad del padre. El hijo no fue capaz ni de terminar el discurso tan bien ensayado, practicado y pulido de pesar.


El hijo prodigo con tal de salvar su barco, había arrojado todo por la borda luchando contra la tormenta. Finalmente, decidió volver al puerto del que, ahora entendía, nunca debía haber partido. Es que el mensaje es: en las tormentas de nuestra vida, el Padre nos quiere de vuelta en casa más de lo que nosotros alguna vez podemos desear regresar. Los deseos de recibirnos y amarnos en casa son más fuertes que el mismo poder que ruge en la tormenta.


Si de tormentas y de abandonar el hogar se trata, Juan nos relata la incapacidad de Jesús de ser duro con uno golpeado por las inclemencias de este mundo y también de su capacidad de dar un hogar para el corazón. En Juan (cap. 8), se nos relata como el amor desaforado, apasionado y puro de Jesús, se encuentra con una multitud embravecida y con una mujer semidesnuda. A los primeros les recuerda que su furia no tiene que ver con la mujer, sino con la propia miseria que los angustia con la desesperación del pecado. La multitud no es en nada mejor que la mujer, solo se encuentra vestida. Jesús la desviste, y cuando todos ven la condición de iguales que los hermana en sus harapos con la mujer, dejan las piedras y caminan a casa en silencio.

La mujer está lejos del hogar. Ya no sabe como se siente estar en casa. La suya está destruida. Jesús no demuestra buen juicio ni moderación con ella. No pide (y notemos bien esto, por favor!) un firme propósito de reforma moral. No pregunta si está arrepentida. En cambio, ofrece un nuevo hogar para su corazón, el de la libertad de no sentirse menos que nadie. Ella era igual de pecadora e igual de amada.

Por qué Dios no muestra moderación y sentido común cuando lidia con nosotros? Por qué no se autocontrola un poco… Por qué no tiene un poco más de amor propio y de dignidad! Será posible!? El hijo tal vez merecía unas palabras de reprensión! Y que si volvía a irse con las riquezas del padre otra vez?! Además, qué seguridad tenía Jesús de que la mujer no volvería esa misma noche a los brazos de su amante? Parece que nada de eso le importaba a Cristo. Solo estaba interesado en recibir a estos dos que hacía tiempo habían emprendido un viaje lejos del hogar. Era tan importante la bienvenida, tan emocionante el reencuentro, que nada más importaba…

“Que Dios, quien nos da seguridad, los llene de alegría. Que les dé la paz que trae el confiar en él. Y que, por el poder del Espíritu Santo, los llene de esperanza.” (Romanos 15:13, La Biblia en Lenguaje Sencillo).

Que la seguridad, la alegría, la paz y la esperanza que dejaron sin palabras al hijo en su discurso y que sorprendieron a la mujer a la que Jesús no condenó, te acompañen hoy de la forma en que más lo estés necesitando.


domingo, febrero 17, 2008

Gracia


Nunca sentiste que para recibir la gracia de Dios existen ciertas condiciones? (Cómo? No gracias!!!!) Pero si hay condiciones... entonces no es gracia?

Seriamente no tiene nada de gracioso.

De solo pensar que Dios me acepta tal cual soy y no me pide que cambie ni un poco para salvarme (salvar-me, porque muchas veces necesito que me salve de mi mismo...) me siento aliviado. Vos no?
Qué de bueno tiene algo gratis si para recibirlo tengo que merecerlo y encima cumplir condiciones? Que estoy hablando de "gracia barata"? Cómo? Hay una que es cara? (Acaso alguna de las dos es realmente gracia?) Cual entonces? La que vos estás pagando siendo bueno para estar seguro de no necesitarla? No será que esa es gracia de segunda (o sea, un segundo te convenció de que "algo había que hacer" para recibirla)? Pero si no tengo que cambiar nada... si es tan fácil (?), entonces hago lo que sea! Da lo mismo!

Y aquí parecemos escuchar una voz casi solemne que nos exhorta: libertad sí! Libertinaje NO! Algunos lo único que hemos conocido sobre la libertad es que NO es lo mismo que libertinaje. Parecería que más importante que vivir en libertad es asegurarse de no vivir en libertinaje. Pero y la libertad donde queda?

Detesto la letra pequeña de los contratos especialmente de celulares y de empresas de turismo. A veces el evangelio me sabe así, la letra grande, atrayente, pero, no te preocupes, una vez que hayas firmado, te vamos a hacer leer todo el contrato!

Es que lo que hago "no importa" a la hora de recibir algo que es gratis. No tiene valor al momento de sentirse total y plenamente aceptado por Dios. No hay letra pequeña!
El miedo a no ser aceptado puede ser un gran motor para el cambio (nótese que decimos "el miedo"). Y es cierto, el miedo a no ser aceptado me ha llevado a comprar perfumes caros, marcas que muestren lo bien que visto y a gastar dinero de más. Me ha llevado a dejar de ser quien soy. Para peores, cuando fui aceptado (fruto de mis esfuerzos)... En verdad no lo fui. No era yo a quien daban la bienvenida.

Nada terminó probándose más caro para mí que lo que compré por miedo al rechazo.
Cuando somos aceptados y no se nos pide "cambio" alguno (nada a cambio); acaso no se nos torna más fácil corregir lo que no nos hace bien? Porque la libertad no sabe de la esclavitud del libertinaje, solo de la ausencia del temor y de la bienvenida a casa.El arrepentimiento no es paso previo al perdón (la fiesta de bienvenida a casa!), sino el perdón el que desenlaza el arrepentimiento verdadero. Así es como el amor nos transforma en la libertad y hecha fuera el miedo en la aceptación que da la gracia.

GRACIAS Dios!